Cuando nos preguntamos acerca del origen de la arquitectura gótica, es común afirmar que se encuentra en dos obras de finales de la primera mitad del siglo XII: la catedral de Sens (1140) y la abadía de Saint Denis (1143), ambas en Francia. Bien, tal afirmación es cierta… siempre que no olvidemos que varios de los caracteres de dicha arquitectura se encuentran ya en los edificios monásticos cistercienses, surgidos de la reforma de la orden benedictina que impulsó San Bernardo a comienzos de ese mismo siglo. Los templos cistercienses se caracterizan por su austeridad decorativa y por la ausencia de torres en la fachada, además de recurrir a dos diferentes tipos de cabecera, la de un único ábside o la de testero plano. En esas iglesias encontramos también dos novedades interesantes: el arco apuntado y la bóveda de crucería.

Por su parte, la bóveda de crucería es una derivación de la de aristas románica y se basa en el empleo, al menos, de seis arcos apuntados (cuatro de ellos, uno a cada lado, y los otros dos cruzándose diagonalmente), sobre los cuales se sitúa una obra de fábrica, la plementería, que cubre el conjunto de los arcos, cerrando la bóveda.

Pero arco apuntado y bóveda de crucería, por sí mismos, no definen un edificio gótico. Para ello hay que considerar otro aspecto más interesante, lo que algún historiador ha calificado como teología de la luz. El arquitecto gótico no busca únicamente hacer edificios más altos (para que así estén más cerca del cielo). Es su intención también que esas construcciones se levanten con un menor espesor de los muros y que éstos estén abiertos al exterior por amplios vanos. De esta manera la luz natural puede alcanzar el interior del templo con facilidad. Dios es luz, piensa el arquitecto gótico y nada mejor que sea la luz la que presida la casa de Dios. Nada que ver, por lo tanto, con los oscuros interiores de las iglesias románicas.

Y así se configura el templo gótico, como un espacio de altos muros en los que los vanos proliferan. El riesgo de su desplome quedará eliminado con otra aportación técnica, el arbotante, un arco externo en el que se apoya la bóveda, descargando su peso hasta el exterior.

Esta teología de la luz está ya presente en Saint Etienne de Sens, comenzada a construir en 1140 y que resulta ser por lo tanto la primera catedral del nuevo estilo gótico. Pero será en la abadía de Saint Denis, muy cerca de París donde la tendencia se consolida. Allí, en 1143 concluyó su proyecto el conocido abad Suger, quien decidió arrasar casi por completo el templo preexistente, de época carolingia y levantar uno nuevo en su lugar.

Luego el conjunto sería varias veces reedificado, dado su uso como panteón de los reyes de Francia. pero Suger había dejado un amplio texto sobre la iglesia que mandó construir; todo un análisis de su programa estético. En él defendía la importancia de la luz natural en el interior de los templos. Había nacido la arquitectura gótica.

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