El bambú siempre ha formado parte de la arquitectura como material de construcción, la utilización del bambú como elemento estructural o en el diseño de interiores va mucho más lejos que el simple uso de este material ecológico.

El bambú procede del género de la  gramínea, es decir, una hierba pero con la peculiaridad que tiene un tronco leñoso que es la caña de bambú que todos conocemos. Hay que considerar que tiene dos ventajas primordiales sobre su competidor tradicionalmente directo, la madera. Una,  su velocidad de crecimiento (Estado de máxima dureza se establece a partir de los 3 años) y en segundo lugar su facilidad de propagación que incluso en algunos casos es un inconveniente. Crece en casi todos los continentes a excepción de Europa.

El bambú como material sustentable absorbe considerablemente más dióxido de carbono que el pino. Es un verdadero almacén de dióxido de carbono, recordemos que es el gas de efecto invernadero más potente, que emiten nuestras factorías y transportes, y culpable del cambio climático. Acostumbra a tener una vida de 10 años y cuando muere, devuelve el dióxido de carbono a la atmósfera con lo que es preferible en ese aspecto aprovecharlo y que medre una nueva camada.

Aunque parezca desconcertante en algunos aspecto técnicos tiene un mejor comportamiento que la propia madera, el hormigón e incluso que el acero. 

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