Pocos materiales para pavimentar el suelo resultan tan coloristas y visuales, y a la vez auténticos, como los mosaicos hidráulicos. Su robustez, la calidad de los materiales y sus diseños los hacen perfectos para las casas de hoy, en un guiño perfecto a lo retro. 

Su gran poder decorativo las hicieron las estrellas del momento, en las últimas décadas del siglo XIX, en lo que a pavimento de suelos se trataba. Y también su fácil y cómoda forma de producción. La técnica de las baldosas hidráulicas se originó en aquella época con el propósito de fabricar baldosas a gran escala sin tener que cocerlas para endurecerlas. Para lograrlo se usaba una prensa hidráulica y diferentes moldes para crear los diseños multicolores característicos de estos mosaicos.

Si bien hasta entonces los colores se aplicaban por separado y se cocía la pieza después de cada paso, con el consiguiente consumo de tiempo y mano de obra, cuando se inventaron las baldosas hidráulicas el proceso productivo se redujo en complejidad y tiempo y, por supuesto, también se abarató. Tan solo había que prensar las baldosas y dejarlas secar durante varias semanas.

Los suelos hidráulicos se originaron en el siglo XIX en el sur de Francia. En nuestro país, Cataluña fue la pionera. De hecho, estas baldosas vivieron su máximo esplendor coincidiendo con el auge del modernismo en Cataluña. Fue entonces cuando se crearon diseños muy innovadores y variados que incluían formas geométricas, motivos florales, de vegetación, etc.

A partir de la década de 1960 el mosaico hidráulico cayó en desuso y terminó por abandonarse su producción casi por completo, aunque subsistieron algunas empresas en nuestro país que han mantenido viva la esencia de estos suelos tan bellos y particulares.

Comenta si ha sido de su interés y espero vuestros comentarios.